HISTORIAS DE LA CIUDAD, LA NOCHE, LOS AUTOS Y LA RUTA

HISTORIAS DE LA CIUDAD, LA NOCHE, LOS AUTOS Y LA RUTA

"Ya he escrito toda la carretera. He ido rápido porque la ruta es rápida. Es sobre tí, sobre mí y sobre el camino"
(Carta de Jack Kerouac a Neal Cassady fechada el 25/5/51)





martes, 8 de junio de 2010

LA NOCHE DEL IMPALA

"Y aunque se sumerjan en profundas aguas tendrán que resurgir. . . y la muerte perderá su dominio" (poema de Dylan Thomas).


Los mozos de Las Cuartetas nunca aprenderán. Es bien conocida la mala onda de quienes tienen la sagrada misión de atender las mesas de las más emblemáticas pizzerías de Corrientes. En el Palacio de la Pizza la situación es todavía peor, en Guerrín la cosa mejora un poco, pero aún así no son precisamente los reyes de la cortesía. Pareciera que la calidad de la pizza de Buenos Aires fuese inversamente proporcional a la hospitalidad de los mozos del local que fuere. La única excepción podría ser el magnífico Cuartito, de Talcahuano y Paraguay, con sus paredes empapeladas de posters de inolvidables eventos deportivos, sobre todo pugilísticos: Leonard/Lalonde, Hollyfield/Tyson I y II, etc., pero ya estaríamos hablando de un lugar Off Corrientes.
Lo cierto es que cuando el viejo del chaleco y el repasador al hombro deslizó el platito de chapa sobre mi mesa con ese inconfundible queso derritiéndose sobre las dos porciones de muzza, me olvidé de sus malos modales por completo, porque ese solo espectáculo limpia cualquier pecado.
Ese viernes estaba terminando una semana de quiebres, de puntos y aparte. Acababa de rescindir mi contrato de trabajo previo arreglo de un monto que me permitiera vivir un par de meses hasta conseguir otra cosa. ¿Beneficio?: jamás volvería a ver al miserable de mi jefe atornillado a su oscuro escritorio. Al mismo tiempo y luego de cuatro años había decidido poner punto final a mi noviazgo –con convivencia incluida- con mi chica, justo cuando el círculo se cerraba y su siniestro plan matrimonial se estaba volviendo una realidad ineludible. ¿Beneficio?: esa vertiginosa sensación del salto al vacío de los hombres libres. Había dejado el departamento de mi novia, y todo lo que tenía en este mundo era mi Impala cupé 64 y mi libertad. Era infinitamente rico.
Lo cierto es que allí estaba yo una vez mas, sentado solo en Las Cuartetas frente a mis dos porciones y una Coca común burbujeando mientras mis mejores amigos discutían en sus hogares con sus mujeres, que ya no estaban tan buenas como en los primeros noventas, cuando usaban las botas altas al estilo Julia Roberts en Pretty Woman. Sus planes de fin de semana tendrían su punto más excitante en un partido de fútbol colegial donde sus hijos jugarían una semifinal contra los del Don Bosco. Evento que les tomaría toda una hermosa tarde.
Pero ese no era mi mundo. No. Tampoco el de mi amigo Javier, recientemente divorciado, que prefería pasar un rato por Esmeralda Vip en la tarde del viernes en lugar de acompañarme en mi maratónica cacería nocturna que había planificado con tal de vivir un poco mas y dormir un poco menos. Javier no era un bicho nocturno, rara vez era de mi partida.
Se puede cazar como tigre, solitario y al acecho. Se dice que los campesinos de la India usan unas caretas dadas vuelta, con la cara sobre la nuca, y así parece que te miran aunque estén al revés, para no ser atacados por esos felinos que claro, son sigilosos y atacan por la espalda. También se puede cazar como lobo, en jaurías de ataque estratégico y grupal, lo cual además requiere por lo tanto de buenos compañeros de equipo.
De un modo u otro, todo requiere un plan, una logística que nunca termina de perfeccionarse y que puede quedar totalmente desbaratada por cualquier imponderable fuera de la lógica. Todos sabemos que las mujeres al carecer de cualquier tipo de coherencia, resultan presas impredecibles, por lo cual nunca sabemos de antemano en que dirección pueden correr, o desde donde pueden aparecerse. Pero aún así siempre es mejor estar preparado, en guardia y con un cierto arsenal de armas conocidas y en cuyo uso estemos bien entrenados.
Cuando terminé de cenar en Las Cuartetas me fui a tomar el café de rigor a la esquina del Bar Ramos. Nada que empiece en el Ramos puede terminar mal, y como diría Bono: “midnight is when the day begins”. En el trayecto por Corrientes hasta Montevideo vi a los hippones en la puerta de los teatros con sus mantas y sus artesanías, y se veían tan relajados y en paz. Me pregunté como lo logran.
El Ramos estaba habitado por fantasmas, como siempre. Solo que luego de su reestructuración se hace algo difícil verlos porque quedó demasiado luminoso y limpio, con muchos colores acrílicos donde antes primaba la calidez y la humedad de la madera. Pero de todos modos yo sabía que estaban –estábamos- allí.
En otros tiempos muy distintos mi búsqueda tenía quizá un objetivo hasta metafísico. Pensaba y hasta creía en quimeras tales como encontrar al “amor de mi vida” a la vuelta de cualquier esquina. Con el primer sorbo de cafeína cerré los ojos y me vi a mí mismo en aquellos días, aquellas noches ochentosas y noventistas planificando los mismos trucos, las mismas tácticas, pero claro, con objetivos mas nobles a largo plazo quizá; sentado en este mismo bar o cualquier otro similar como el desaparecido Quijote de 9 de Julio y Avenida de Mayo, que tenía el plus de quedar cerca del Morocco. Todo ello fue cuando todavía creía en el futuro. Ahora solo creo en la ruta.
Pero el cazador romántico era inigualable, porque su mundo es completo y su existencia, infinita. En el se resume la adrenalina de la aventura y el corazón del enamorado incansable. Su guardia dura las 24 horas. Cualquiera puede ser la elegida: la camarera que te sonríe, la promotora cautiva en su stand, la chica del inolvidable Play Woman –digo Play Woman y me pongo de pié- o hasta la vendedora de un Shopping. Cabe señalar que este subgrupo de mujeres de alta exposición, al que podríamos llamar de blancos fijos, por su incapacidad para desplazarse, no necesariamente resulta mas accesible que otros, ya que las señoritas que lo integran, sabiéndose estáticas y bellas, se encuentran con la guardia alta por los reiterados vuelos razantes de las aves predadoras como nosotros.
Habiendo terminado mi café caminé hasta el garage de la calle Sarmiento donde mi Impala aguardaba en silencio en el típico lugar en línea recta con la entrada destinado a los autos grandes o camionetas. Antes de subirme lo miré unos instantes solo por mirarlo. Nunca me canso de eso. Con sus líneas rectas y sus ojos redondos y desafiantes -dos a cada lado- que me miraban como preguntándome cual era el siguiente paso de la noche. “Recoleta”, le dije (no creo necesario aclarar que yo soy de los que hablan con su auto). Me subí y hacia allí salimos, donde mi solitario brindis no podía ser en otro lugar mas que en Madaho´s. Podría escribir la enciclopedia completa de ese cabaret infinito.
Cuando me tocó vivir unos años en Mar del Plata hacia la segunda mitad de los noventas, conocí al viejo y primigenio Madaho´s que por entonces funcionaba allá por la calle Moreno, por el centro de la ciudad. El lugar no era fastuoso, pero era un clásico con su barra en forma de “U”. Un verdadero oasis en la noche de los días de semana de aquellos tiempos. En el ‘97 con la creación del Hotel Sheraton Mar del Plata, pegaron un salto ganador y el local se instaló en la esquina misma de ese hotel cinco estrellas, allá por Playa Grande, frente al Golf en calle Alem.
Allí, Madaho´s se instaló definitivamente como el cabaret líder en la ciudad, ganándole la pulseada a quien fuera su rival directo durante años: el inolvidable “Smoke” de Güemes y la costa, que tenía vista a un hermoso mar nocturno, cuyas mejores chicas comenzaron incluso a pasarse a Madaho´s por su nuevo local estratégico. Otras como Katia, la brasileña, no lo hicieron y siguieron en Smoke. Katia permaneció fiel a su primer equipo, y la partida de los mejores bombones le sirvió para afianzarse como la flor más bella del lugar. Se dice incluso que con el tiempo hizo fortunas en Smoke, y cuenta la leyenda que hoy vive en un lujoso piso en la zona de Playa Chica frente al mar con lo que ganó en aquellos años del uno a uno, convertida ya en toda una dama respetable. Yo por mi parte, recuerdo el perfil de su figura perfecta frente al inmenso ventanal del Cabaret mirando ese mar helado del agosto marplatense, con “saudades” quizá, de otro mar no tan frío ni tan oscuro en su país natal. ¡Vaya un brindis por ella!
Lo cierto es que alrededor del 2001 se inauguró el Madaho`s Buenos Aires en lo mejor de Recoleta, pero esa ya es otra historia.
Llegué con el Impala y conseguí lugar para estacionar sobre Azcuénaga, del lado del paredón del cementerio. Uno ya ve con naturalidad la coexistencia de esa necrópolis en la vereda impar, enfrentando a los más famosos night clubs de la ciudad en la vereda par con sus luces de neón. Luego de activar la alarma y encomendar el auto a Dios, me crucé para el lado del local y entré.
Una vez dentro de Madaho´s me apoyé en la punta de la barra junto al sector de mozos y Tommy, viejo camarero de los tiempos marplatenses, luego de años sin verme, me saludó como si me hubiese visto ayer: “Que tomás hoy”, me dijo con su media sonrisa y su mirada oscura, profunda, penetrante y con un dejo diabólico (Tommy sin dudas será el barman residente en el infierno algún día. No pienso perderme ese fantástico cabaret de noche eterna). Pedí solo un Speed, ya que en unas horas seguro seguiría manejando y había que mantenerse bien arriba y sin alcohol en sangre. Me lo trajo, junto con vaso finito y lleno de hielo.
De repente, creí vislumbrar vagamente entre las mesitas contiguas a la cabina del DJ, y un grupo de mulatas siliconadas, a una figura conocida, una cara conocida. Me fui acercando con mi Speed en la mano tratando de agudizar mi vista entre los cuerpos perfectos y las miradas devoradoras. Crystal Waters sonaba en el aire con los bajos bien arriba –Destination Calabria-. Cuando estuve a un par de metros ya no tenía dudas: Araceli Hunt, después de más de una década estaba allí y no había cambiado nada. Seguía con su pelo rubio cortito como la Madonna de True Blue, su cuello largo y sus hombros perfectos. Me acerqué y la saludé. Me miró con la misma mirada soñadora de otros tiempos y nos abrazamos con esa calma y profunda sensualidad con la que se abraza a una amiga de la noche. Hacía unos trece, quizá catorce años habíamos tenido una historia allá por Mar del Plata, donde ella se había instalado a vivir en mi departamento por un tiempo hasta que decidimos terminarla sobre todo por diferencias horarias. La casa se había transformado en una anarquía con ella trabajando de noche y yo de día. Nuestra relación no había sido de amor, pero sí, de una amistad basada en una intensa atracción recíproca.
Allí estábamos una vez más, ahora en el siglo 21. Recordamos la noche en que nos conocimos cuando lo primero que me contó fue que pensaba trabajar en Smoke solo por un tiempo hasta poder comprarse una moto –Harley decía- con la cual planeaba irse nada menos que hasta Canadá, con un grupo de amigos motociclistas que se hacían llamar los Jinetes del Asfalto, y usaban camperas de cuero con esa inscripción en la espalda. Hablamos de aquellos días de gloria, de nuestros sueños rotos y nuestra pasión por el camino. De su cantante favorita Alanis Morissette, y del estribillo que vivía cantando -¡you leeearn!-.
¿Cumpliste tu sueño?, le pregunté. “Evidentemente no”, me dijo, “aquí estoy, pero hubiese sido maravilloso aunque sea haberlo intentado”. “¿Y vos?”, me preguntó entonces ella. “Bueno, tendría tanto para contarte, pero es mas fácil empezar desde aquí hacia atrás, quizá. Puedo contarte que tengo una cupé Impala 64 estacionada en la vereda de enfrente…”. Cuando le dije esto sonrió y me dijo en tono imperativo: “No esperes mas, entonces. ¿Que esperás para salir a devorar kilómetros de ruta y litros de nafta con ese dragón? ¿Que importa adonde? ¡Atrapa tu sueño, ja ja!” exclamó desafiante a la vez que simulaba meter cambios con una imaginaria selectora Hurst. Mi corazón comenzó a acelerarse y hasta me atreví a la demencial invitación: “¿Y vos me acompañarías ahora mismo cuando salgas de acá?, ¿a que hora salís? Allí fue cuando me recordó las reglas de juego del lugar y me dijo: “¡ah, bien!, nunca pierdas esa locura. Dale, traeme algo para tomar, un daiquiri o lo que sea y seguimos hablando esto que me interesa…”.
Salí eyectado y caminé entre las sombras y las miradas voraces una vez mas, a buscar a Tommy que estaba en el sector de camareros de la barra, cargando una bandeja con una botella de champagne y muchas copas. “Me acercarías después un daiquiri de … frutilla, creo. Para Ara que está conmigo allá”, le señalé. “¿Para quien? Me repreguntó Tommy levantando una ceja y mirándome fijo. “Para Ara, bueno …Araceli, man. Salvo que ahora se haya puesto un nombre de trabajo, ¡ja!” le contesté. ¿Araceli la de Mar del Plata, la de las motos? Volvió a preguntarme. “Si, allá”, le señalé. “Allá, nada.” Afirmó entonces. “Araceli murió hace como diez años en un accidente en la ruta, pensé que sabías” me susurró con cara de preocupado, y siguió: “te habrás confundido, se compró esa moto que tanto quería y solo le sirvió para darse un palo, creo que a la altura de Córdoba. Iba con un grupo de motociclistas, esos Jinetes de no se qué…, dicen que era de noche, que se yo. En su momento se comentó mucho allá. Claro, pero vos ya te habías vuelto a Buenos Aires, por eso no te enteraste, seguro”. Tratando de no perder la línea le dije ahí, “Ok, te la traigo yo, y te explico de quien te hablo. Estás muy confundido”.
Entonces volví al sector de la cabina del DJ, pero Ara ya no estaba, y la busqué por los reservados del fondo, y por el contorno del escenario con sus caños, pero tampoco. Y la busqué por el piso de arriba al cual no cualquiera sube, diciendo que había perdido algo, pero seguía sin verla. No estaba ni siquiera en el pasillo que conduce hasta los baños desde el guardarropas. Entonces cuando les pregunté a un grupo de chicas que trabajaban allí, me dijeron que con ese nombre y descripción no conocían a nadie.
Volví entonces, cansado y confundido a acercarme a la barra desde donde mi viejo camarero amigo con cara de quien tiene la razón, me esperaba mirándome fijo con su media sonrisa ganadora, siniestra. Me vio acercarme y cuando estuve frente a él, sin decir palabra soltó una estruendosa carcajada. La risa de Tommy parecía enmarcada por llamas eternas.
Cuando salí de Madaho´s comenzaba de a poco a llover. El olor del asfalto mojado de la ciudad es inigualable. Caminé unos metros hasta el auto del lado del paredón del cementerio, y se me ocurrió pensar que en esa cuadra de Azcuénaga al 1900, la calle no divide al mundo de los vivos del de los muertos, sino que por el contrario constituye una zona gris, donde se unen ambos mundos.
Las gotas caían sobre el casco de la cupé, haciendo que se vea aún más hermosa con su parrilla cromada que sonreía invitándome a ganar la ruta.
Al entrar al Impala y cerrar su pesada y larga puerta que aún cierra y encuadra bien, bajé el vidrio y saqué mi nariz para llenar mis pulmones de ese magnífico aire de lluvia urbana. Luego puse mis manos sobre el volante y miré al frente. Azcuénaga estaba desierta, mojada y en silencio. Pensé:¿A dónde iría ahora?: ¿ruta 9 pasando por Rosario para tomar un café en El Cairo leyendo a Fontanarrosa?, ¿el desarmadero de Bell Ville para escuchar el rumor de los huesos traqueteantes de tantos dinosaurios?, ¿Purmamarca para ver una vez mas ese cerro de siete colores?, ¿o tal vez mas al norte, llegando a Rio de Janeiro donde alguna vez fui feliz?, ¿y luego Salvador de Bahía para sumergirme una vez mas en las estrechas calles de Pelourinho?.
Pero también mi lado mas lógico y terrenal me hizo un llamado de atención haciendo que también me pregunte si iniciar así un viaje tan descabellado tendría sentido, si realmente eso me haría encontrar algo dentro de mi alma.
Planteados así los tantos solo tenía dos opciones: o emprender una larga y loca travesía por carreteras perdidas sin fecha de regreso, o solo volver a casa y reencauzar una vida normal y coherente.
Giré la llave de arranque, y el rugido del motor V8 del Impala me dio la respuesta.
*Publicado también en TCU Nº155 y en Libroderena Gob.C.A.B.A.


14 comentarios:

  1. De lo que llevo escrito hasta el momento, este es sin dudas uno de mis cuentos favoritos, porque en él aparecen todos los elementos que suelo desarrollar en otros textos, solo que aquí logré que intervengan en conjunto: el protagonista urbano, solitario y nocturno que se ve (¿sin querer?)envuelto en una historia de fantasmas, también los bares, la ciudad, la difusa división entre la vida y la muerte, un auto retro, amigos -que quizá están o ya no-, la lluvia, y una invitación a la ruta como desafío. Su final también es un comienzo en cierto sentido, por eso algún día incluso el cuento es apto para una segunda parte. Espero lo disfruten.

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  2. Gracias por invitarme a ... recordar ? algunos sueños y realidades de tu vida, de sos que están presentes cada vez que mirás por encima de tu hombro ...

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  3. Otra vez: muy bueno, Cesar.
    Sentí el aroma a lluvia en el asfalto, miré el paredón del cementerio, pedí una cerveza importada en la barra, vi el misterio de la ruta y casi estiro la mano pare prender el limpiaparabrisas de ese Impala.
    Todo eso hice y algo más, leyendo tu cuento.
    Gracias.

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  4. Hola César!!
    Está muy bueno el cuento!!!!!!!!!!!!!! Me encantó!! En algunos momento te imaginaba a vos como protagonista... jaja
    te mando un beso grande!
    saludos
    los queremos mucho!!!!!!!!
    Aldana y Dino
    www.magiaenelcamino.com.ar

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  5. Un cuento para revivir esas noches entre desafiantes, deseadas y fantasmales, para volver a vivir , para recordar y volver a sentir esas ganas de arrancar de nuevo, sin saber bien a dónde , pero siempre dentro de uno de esos honorables fierros , nuestros compañeros fieles de sueños y aventuras.Que esto siga .

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  6. Cesar que lindo don tenes!!! posta que emocionas con tus narraciones!! sos un groso!!! te felicito!!

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  7. "midnight is when the days begin"...quién podría recordar esa memorable frase sino vos, César? Sos un capo, y lo vas a ser siempre.Te sigo en tu blog.Felicitaciones a tu ingenio, memoria e inteligencia.Darío, de Capital.

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    1. Gracias, Darío. Es una de esas frases perfectas de Bono y los suyos. Resume el punto de partida de cualquier historia que valga la pena ser contada.

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  8. César me recordaste tantos lugares que yo también recorrí tan lleno de sueños, que creo que nuestros espíritus libres y felices andarán volando por ahí, eso si, el amor de mi vida nunca llegó.No es tan fácil como creíamos en esos tiempos Eh? Y bueno, me queda la libertad, esa si que no la negocio,perdería el alma.Muy buenas tus historias; esta:genial.Brindemos por nuestros lugares mágicos, y los buenos recuerdos.Y emprendamos alguna aventura cada tanto, dale?Abrazo.Beto de Capital.

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    1. Claro que sí, Beto. Que no te roben la libertad y las ganas de vivir al límite. Somos en gran parte, nuestros recuerdos y los lugares donde fuimos felices.

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  9. Ahora veo el paredón, me parece que del lado espectral sale una bruma , y acá , en la barra, la cerveza tiene un sabor a tiempos pasados, pienso,... no es lo mismo? Dónde está el chico que fui ? No soy yo, ya no existe, entonces ...está del lado espectral? ¿Dónde están mis amigos? Algunos ya volaron de esta dimensión, están del lado de la bruma?, ...Y los otros , los que siguen aquí pero perdieron sus ganas de sentarse y pedirse una cerveza, y mirar a ver si hay algo bueno para encarar, esos que se pusieron gordos y domésticos, están del otro lado , jóvenes y flacos, con ojos encendidos?...porque ya no existen como yo los recuerdo, .. Es raro, eh? César?Tus cuentos me hacen pensar, nunca pierdas tu misterio,seguí creando.Mauro , de capital.

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    1. Claro que pienso seguir, Mauro. Gracias por entrar en esta, una de mis historias favoritas y quizá la que más me represente.

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  10. Genio! Uno de los mejores cuentos para mi! te sigo leyendo y espero el libro!

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    1. Gracias, Alan. Este es quizá mi cuento favorito de todos los que escribí. De hecho, el nombre del blog remite al de este cuento. No digo que sea el mejor, pero es quizá el que más habla de mí. Un abrazo. CÉSAR.

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