HISTORIAS DE LA CIUDAD, LA NOCHE, LOS AUTOS Y LA RUTA

HISTORIAS DE LA CIUDAD, LA NOCHE, LOS AUTOS Y LA RUTA

"Ya he escrito toda la carretera. He ido rápido porque la ruta es rápida. Es sobre tí, sobre mí y sobre el camino"
(Carta de Jack Kerouac a Neal Cassady fechada el 25/5/51)





miércoles, 26 de marzo de 2014

NO HAY HOTELES EN TORTUGAS

 
 
Deberías entender que estás muy solo, imbécil. Solo en el living de tu casa, con una herramienta tecnológica que maquilla o anestesia una crisis existencial. Pulsando  teclitas en un chat,  intercambiando mensajitos con una entidad a la cual no podés mirar a los ojos, ni tocar, ni oler, ni  sentir. Y cuanto más confortable te hagan tu placebo, menos vas a salir a la vida real, y más solo estarás. 
    Algunos nunca entenderán. Allá ellos. No pienso caer en ese cazabobos de esta era del vacío.
    Y la radio difundiendo temas de cantantes llorones diciendo: “No sigo más, no tengo reeesto”. Vergüenza debería darles. Y de seguro cobran buen dinero por eso. ¿A cuánto cotiza tu llanto?
    Aún recuerdo cuando los temas se llamaban “God of Thunder” o “Love Removal  Machine”, o cuando Luca Prodan explicaba en un reportaje la clave de lo que debe ser una letra de rock: “Dámelo, nena, dámelo ya-eso es una letra de rock”.
    Quizá sea cierto eso de que antes los rebeldes querían cambiar al mundo con canciones y hoy con “aplicaciones”. Pero eso me parece lamentable. Me parece lamentable que quieran reemplazar a los rockers por los “emprendedores”. Me parece lamentable que antes los jóvenes tuviesen como paradigma de la rebeldía a Jim Morrison, a Sid Vicious, a Cobain y hoy quizá quieran parecerse a Mark Zuckerberg, el creador de Facebook. ¿Cuál sería el mensaje, entonces?: si no quieres morir joven como aquellos hazte millonario a temprana edad como éste. ¿Ah, sí? ¿Y a qué precio? ¿Al precio de la frustración y la infelicidad de aquellos que no logran volverse ricos antes de los 30?
    Por eso yo me quedo con la sabiduría irónica de los escritores como Bukowski, Borroughs o nuestro Enrique Simns, con quien hasta tuve el honor de compartir un café alguna vez en un clásico desaparecido bar de Almagro. Justamente Simns, creador de obras maestras como “Big Bad City” supo sostener: “De chico solía leer historias donde aparecían gigantescos y horribles monstruos que todo lo destruían, y yo pensaba que eran pura fantasía. Pero de grande descubrí que realmente existían”. Estos escritores, rebeldes verdaderos desde sus edades bien avanzadas, mirando hacia atrás, aprendieron a reírse de la mentira del sistema; nunca se hicieron millonarios y sus historias acerca de la senda de los perdedores merecen ser degustadas una y otra vez.
    La vida comienza cuando uno se desconecta. Los mejores tiempos fueron los tiempos previos a la llegada de la morfina de internet. El sol brillaba más, las noches eran más largas  y salvajes, el café tenía más cafeína y la nafta más octanos. Había más tiempo para los cabarets y todas aquellas buenas chicas. Había más tiempo para las historias de amor. Había más tiempo para los buenos amigos con quienes descubrir lindos tugurios de música tecno dark habitados por fantasmas soñadores, profetas adictos y santos bebedores de las mil y una noches. ¿Cuándo fue que nos cambiaron Buenos Aires?, nunca di mi consentimiento explícito para que terminen los noventas. ¿Cuándo fue pusieron un supermercado en donde antes funcionaba Ave Porco? Aquel cerdito con alas de la puerta debería al menos estar en un museo guardado como un tesoro patrio junto a una llama que nunca se apague como esa del soldado desconocido en honor a quienes pasamos por sus oscuros salones ambientados por Sergio de Loof.
    La ciudad y la noche me transformaron en un sobreviviente que ahora suele ser visto en bares y hoteles de pueblos perdidos en la carretera, donde quizá Tom Waits atienda la barra y Nick Cave sea el recepcionista.
    Así es. Creo que voy a salir a buscar aquel viejo sol por el camino de las sierras, tomando por Ruta 9. Tengo una Chevy con motor V8 que aún agita mi lado salvaje. Siempre es bueno un poco de olor a nafta. Después de todo, es mejor ajustar tuercas que pulsar pantallas táctiles de celulares. La realidad es de metal, y pobre de aquel que no lo entienda. Mi auto es Jim Morrison, y Vicious, y Cobain, y toda la raza de los que se resistieron a madurar.
    Voy saliendo de la ciudad y tomo por el acceso norte buscando la autovía 9. San Pedro, San Nicolás, y veo a los otros autos. Desde esas cápsulas 1.4 con aire acondicionado, sus autómatas conductores ven la carretera como si fuera una película. Yo, con el viento en la cara estoy dentro de la película. Luego Rosario, y allí tomar por la ruta vieja camino a Córdoba, ya que la autopista nueva no tiene estaciones de servicio y el V8 es muy demandante, pero su sonido de mecánica de vieja escuela americana lo compensa todo. Cañada de Gómez, y paro a saludar amigos que conocen mis frases mejor que yo. Agradezco todo esto. Paso por Armstrong cuando anochece y pienso que debería parar a descansar en el próximo pueblo porque en el horizonte comienzan a dibujarse los rayos de una tormenta eléctrica.
    Según los carteles de la ruta, el próximo poblado se llama Tortugas, y pienso que definitivamente debo parar allí para guarecerme y pasar la noche. Con los relámpagos cortando el negro cielo, mi Chevy avanza bajo cortinas de agua y me siento infinitamente libre surcando caminos misteriosos.
    Cuando llego a Tortugas, en la entrada del pueblo, junto a un bizarro cartel de bienvenida hay una pobre estación de servicio con una suerte de restaurante anexo que parece abierto. Allí entro y el lugar está vacío con la salvedad de un viejo en camiseta, sentado detrás de una caja registradora que mira un partido de fútbol en una tele de la pared. Hay olor a insecticida. El tipo me mira –me pregunto cómo será vivir así-. Enseguida le digo: “Buenas noches, quisiera saber si por aquí hay algún hotel, si es posible con garaje cubierto…”, “No, no”, me interrumpe el anciano: “No hay hoteles en Tortugas. Tenés que seguir unos veinte kilómetros hasta Marcos Juárez. Ahí tenés seguro”. Así es que sigo camino hasta Marcos Juárez, y al entrar a la zona urbanizada bajo la tormenta veo un cartel de recepción local que me indica que esa ciudad cordobesa es la capital de algo que no recordaré jamás, o el “corazón productivo del país” o vaya uno a saber qué. Pero lo cierto es que comparado con Tortugas, parece New York. 
    Cuando veo un bar sobre mi mano derecha, estaciono la Chevy en la puerta junto a un Falcon generación 78/81 y entro para tomar algo y preguntar por algún alojamiento. Me acerco a la barra y el encargado me recomienda un par de lugares cerca. Afuera la lluvia sigue azotándolo todo, así que decido hacer una pausa ahí mismo para tomar algo antes de ir para el hotel.
    Desde una mesa junto a la ventana veo a un pibe de unos veintipico que me hace señas como si me conociera para que me siente con él. Así que me acerco. Su cara me parece vagamente familiar, como del pasado. Tiene el pelo corto castaño alborotado con un jopo rebelde, una sonrisa amigable y una remera de manga corta del ejército zapatista. Me acerco un poco más y me hace un gesto invitándome a que me siente a su mesa. No le pregunto su nombre, el tampoco. Me siento frente a él y a nuestro lado sobre el ventanal del bar la lluvia cae como cascada. El pibe se acomoda el pelo para atrás como si fuese Mike Patton de Faith No More, y con su pulgar señala al exterior: “Tremenda tormenta”, me dice. “Si, si” le contesto, “no da para andar así de noche por la ruta”, y él me interrumpe levantando las cejas  diciendo: “Cualquier cosa podría pasar en una noche así”. Yo le cuento que voy hacia las sierras, quizá hasta Capilla del Monte, y él me cuenta que vuelve para Buenos Aires en sentido opuesto. En eso se acerca la camarera, una cordobesa morocha de lindas piernas, y yo pido dos cervezas. Cuando la chica se aleja, el muchacho la ve irse y me dice: “Wow, man!, esas cosas hacen que la ruta sea un lugar todavía mejor”. Y allí comienza a desarrollar un monólogo en el cual explicita toda una teoría que sostiene que las chicas del interior suelen ser más conservadoras que las porteñas, las cuales a su vez son menos liberales que las europeas. Sigue disertando y agrega con énfasis que las brasileras y las chilenas serían más fáciles que las argentinas, pero que luego se enamoran y exigen compromiso. Yo lo escucho, y por experiencia propia, no puedo más que darle la razón. 
    La morocha nos trae las cervezas, y el pibe me cuenta que recientemente estuvo en Rio de Janeiro, y en algunas playas de Chile como Reñaca y Viña. También me muestra una cintita con los colores de la bandera de Colombia, que a modo de pulsera hace poco le ató la mismísima Andrea Echeverri, cantante de Aterciopelados, con quien estuvo hablando luego de un show. No para de hablar, y de su relato se desprenden esas luces de quien aún no fue golpeado por la vida. Aborda las más diversas temáticas: “No tiene sentido casarse antes de los 40”, exclama, y yo asiento con la cabeza.
    De repente lo miro fijo, seriamente,  y lo llamo a silencio deteniendo su catarata vertiginosa de anécdotas, diciéndole con tono imperativo: “¡Tengo que advertirte de muchos errores que no debés cometer…!”, pero el se tapa los oídos con los dedos y haciéndome un gesto negativo con la cabeza me dice: “Sabés que eso es imposible. Para que vos estés allí, primero yo debo estar aquí”. Entonces se toma su último trago de cerveza, se levanta raudamente de la mesa y sin perder su sonrisa se aleja y va saliendo del bar cantando “Riders of the storm, there´s a killer on the road…”. Lo veo trasponer la puerta y salir a la tormenta. Se sube a ese Falcon celeste estacionado al lado de mi Chevy, ese mismo Ford con el que yo aprendí a manejar y con el que fui feliz tantos años. Está igual que la última vez que lo vi. Observo cómo se aleja bajo la lluvia. El pasado no puede escucharme. Pero yo sí lo escucho.
    Cuando la camarera me trae la cuenta de las dos cervezas que me tomé, me pregunta si siempre tengo la costumbre de hablar solo. “De vez en cuando”,  le contesto.
    Recomiendo la ruta para reencontrarse con uno mismo. Eso sí: no hay hoteles en Tortugas.

 
                                   Por CESAR RODRIGUEZ BIERWERTH                                     

23 comentarios:

  1. ¿Qué puedo decir? Como representante de la inocente e idealista juventud de los sixty´s, recuerdo uno de los episodios de "La Dimensión desconocida" que vi en mi adolescencia y me quitó el sueño más de una noche, recuerdo aquella mujer que en la fecha indicada se acercaba a caballo al cruce de rutas adecuado, para perseguir a esa pareja y advertirles que no lo hicieran, que volvieran, obviamente ella era la jovencita objeto de la persecusión , junto al chico que tanto daño le causaría a su vida, y desde luego, jamás los alcanzaba...no podía cambiar su pasado...y con qué desesperación lo perseguía...en tu cuento se me despertó esa lucesita de mi mente y apareció ese extraño sueño de volver al pasado y hacer la advertencia que , tal vez...pero no, no se puede, y es mejor así, tu cuento lo explica muy bien :"para que vos estés allí, yo tengo que estar aquí". Una joya reluciente tu historia, y me encantó.y para mi próximo viaje , ya lo se :"No hay Hoteles en Tortugas". Dana.

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  2. Amigo, esto supera todo lo tuyo que leí, y mirá que te sigo, mis fvoritos hasta ahora : "Charla con un puma", "El auto fantasma", "La noche del Impala", "La película de tu vida", "El Inglés" y ahora " No hay Hoteles en Tortugas".Este último, te juro, no lo podia creer, es para hacer una película , tiene algo muy fuerte loco, algo que te llega.Te felicito y seguí escribiendo, nos hacés felices, a muchos , estoy seguro. Capo, César! Darío, de Santos Lugares.

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  3. Genio! esto es único.te felicito, amigo.Gonza, de Gerli.

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  4. Bueno excelente relato, tiene ese halo magico que siempre le imprimis a tus historias. Para cuando un cuento en el que yo sea participe, si queres te adelanto el titulo.....NUNCA ME DOBLEGUE...pese a los anos de destierro siendo un exiliado en mi propio cuerpo...nunca me doblegue a los convencionalismos ni a la mediocridad, antes muerto que vencido...y acordate fui yo el que te hablo por primera vez de un pit bull.

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    1. Gracias, amigo. Y cómo olvidar aquellos buenos tiempos donde hablábamos de pitbulls o otros temas apasionantes. Gran abrazo.

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  5. Te felicito, otra más de tus historias que te dejan sin aliento, muy buena, cada vez tus cuentos me sorprenden.Maestro! dale para adelante! Ezequiel, de Wilde.

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  6. Que bueno tu cuento César, cómo podés tener esa imaginación sin límites, te mando un fuerte abrazo y que sigan tus historias cada vez mejores , siempre con misterio y te atrapan hasta la última sílaba. Gracias, amigo de hierro. Pedro , de Flores.

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  7. GRACIAS, amigos por las mas de mil visitas en solo dos días a mi nuevo cuento -uno de mis favoritos- y también por tan buenos comentarios. Un saludo. CÉSAR.-

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  8. Muy bueno! Que increibe este cuento, César, pensé que cuentos como "convoys", "El escrito de Toledo", "Amigos de Hierro", eran insuperables, pero este último es muy bueno , llega mucho, te felicito y espero que sigas siempre con estas historias que al volver del trabajo me alegran la noche.Un abrazo. Marcos , de Parque Patricios.

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  9. Tus cuentos de fierros no tienen igual, pero con este , no se , mirá a mi me trasportó , y me puse en los zapatos del protagonista, , y de su compañero de mesa en la noche de tormenta, creo que fui los dos, y me asombró lo que sentí, y como no soy bueno para escribir, no te lo puedo explicar, pero este cuento hermano, es lo máximo. Te felicito , siempre espero el cuento nuevo. Un grande César. te saludo desde Valentín Alsina.

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  10. Muy buen cuento, un placer leer tus historias. Saludos desde Barrio Cipoletti , en Mendoza, un abrazo de Manuel, con mucha admiración por todas tus obras.

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  11. Líndisimo el cuento, compartimos mis dos hermanos y yo, y despues con amigos, nos gustó mucho, misterio y bien de la ruta, de los fierros, un clima buenísimo, muy capo César, te seguimos.Santiago, de Hurlingham .

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  12. Grande tu cuento César, espectacular, te felicito , gracias porque nos dedicás tu tiempo para que podamos leer tantas historias tan buenas, que yo vuelvo a leer despues, y me vuelvo a emocionar. Mauro, de Capital.

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  13. Gracias amigo, otra vez nos atrapa uno de tus cuentos, me acuerdo cómo me emocionaron algunas partes de Fantasmas oxidados, esas emociones que solamente los fierreros sentimos, cada cuento tiene lo suyo, dice mi viejo, que también visita tu Blog, pero esta última, así como Last chance Marcos, estan buenisimas, emocionante tu No hay Hoteles en Tortugas, te juro hermano .Abrazo rutero.Sergio.

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  14. Excelente! Fiel seguidor de tus cuentos y videos, me encuentro con este "No hay hoteles en Tortugas " y me pegó en el medio del pecho., es muy buena historia y emociona . Nos veremos en algún camino, saludos desde Lobos.

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  15. Espectacular amigo como siempre!!!!

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  16. Inolvidable este cuento hermano, no esperaba menos de vos, con cada historia nos dejás asmbrados a todos los que te seguimos, años leyendo tus cuentos y el interés aumenta siempre.Gracias.

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  17. Muy bueno!!! Felicitaciones. Guille, abrazo desde Quilmes.

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  18. Un abrazo , César, siempre nos dejás asombrados con tus cuentos, este No hay Hoteles en Tortugas es increíble.Un genio, te agradezco la alegría que nos das cada vez que entramos en tu Blog.Lucas, de Tigre.

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  19. Junto con" Last CHance"Marcos, mi cuento favorito."No hay Hoteles en Tortugas "me hizo emocionar, y me sentí muy identificado, también quisiera hablarle al pibe que fui y enseñarle algunas cosas, pero como dice tu cuento, el pasado no te escucha, y capaz que así la vida tiene más gusto a riesgo y es más peligrosa pero mas interesante también.Siempre me hacés pensar mucho y disfruto con tus obras.Saludos.

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  20. Qué grande César! Siempre me meto en tu Blog y encuentro estos cuentos que comparto con amigos, No hay Hoteles en Tortugas un cuento inolvidable, y muchos de tus cuentos y videos los vuelvo a ver y a leer y no me canso, no menciono mis preferidos porque ya los nombran en comentarios anteriores y no quiero repetir todo, pero te sigo siempre .te felicito y seguí hermano.Abrazo desde Glew.Carlos .

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  21. Extraordinario este cuento , muy buenos todos tus cuentos, este emocionante. Te felicito César. Sos un escritor grande, amigo.Dardo .

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  22. Qué grande, César! Buenísimo, un cuento que te hace entrar de cabeza , identificarte , un genio! Nico, de Mar del Plata.

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